El gobierno invisible de EE.UU, la guerra, la propaganda, H. Clinton y D. Trump

Publicado: 1.11.2016            John Pilger/steigan.no/noruego.today

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El periodista estadounidense Edward Bernays es a menudo descrito como el hombre que inventó la propaganda moderna. Bernays, sobrino de Sigmund Freud, el pionero del sicoanálisis, inventó el término “relaciones públicas” – relación con el público – como un eufemismo de mentiras y engaño.
En 1929 convenció a las feministas para promover cigarrillos para las mujeres fumando en el desfile de semana santa en Nueva York – conducta que en ese tiempo se consideraba “extraña”. Una feminista, Ruth Booth, declaró: “mujeres! Prendan una nueva antorcha por la libertad! Luchemos contra el tabú del género!” (lo que es permitido o no a las mujeres).
La influencia de Bernays se extendió mucho más allá de la publicidad. Su mayor éxito fue su papel en convencer al público estadounidense de que tenían que participar en la masacre de la Primera Guerra Mundial. El secreto, dijo, era “obtener el consentimiento” del pueblo con el fin de “controlarlo y disciplinarlo de acuerdo a nuestra voluntad sin que sean conscientes de ello.”
Los medios de comunicación engañan.
Él describió la fuente de poder político en EE.UU. como “el poder de decisión real en nuestra sociedad” y lo llamó un “gobierno invisible”.
Nunca este gobierno invisible ha sido más fuerte de lo que es hoy en día. Y nunca el menos comprendido. En mi carrera como periodista y director de cine, nunca he experimentado una propaganda que a tal grado infiltra nuestras vidas  – sin ser cuestionada.
Imaginemos dos ciudades, llamémoslas A y B. Ambas están bajo el asedio de las fuerzas locales del gobierno local del país. Ambas ciudades están ocupadas por fanáticos que llevan a cabo acciones malas y crueles, como la decapitación de las personas.
Pero hay una diferencia esencial: en uno de los sitios – A – las tropas del gobierno son descritas como ‘libertadores’ por los periodistas occidentales ya contratados, que informan con entusiasmo de los ataques por tierra y aire. Salen imágenes en primera plana de soldados heroicos que muestran el signo de la ‘V’ de victoria. Hay escasa mención de bajas civiles.
En la otra ciudad en otro país cercano – B – se produce casi exactamente lo mismo. Las fuerzas de gobierno sitian una ciudad que está controlada por el mismo tipo de fanáticos.
La diferencia es que estos fanáticos en ‘A’ son apoyados, equipados y armados por “nosotros” – los EE.UU. y Gran Bretaña. Incluso tienen un centro informático que está financiado por estas super potencias.
Otra diferencia es que los soldados del gobierno que asedian la ciudad B son maldecidos por atacar y bombardear la ciudad – que es exactamente lo mismo que los héroes mencionados hacen en la ciudad A.
Enredado? En realidad no. Tal es la doble moral que constituye la esencia de la propaganda. Me refiero, por supuesto, a las fuerzas del gobierno iraquí que sitian la ciudad de Mosul (A) con el apoyo de los EE.UU. y Gran Bretaña y el asedio de las fuerzas del gobierno sirio en Alepo (B) con el apoyo de Rusia. Una de ellas es buena – la otra es mala.
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Yihadistas de al-Nusret en Alepo
Lo que raramente se publica es que ninguna de esas ciudades hubieran sido ocupadas por fanáticos y devastadas por la guerra si Gran Bretaña y los EE.UU. no hubiesen invadido Irak en 2003. La empresa criminal se inició sobre la base de mentiras que eran sorprendentemente similares a la propaganda que ahora distorsiona nuestra comprensión de la guerra civil en Siria.
Sin el clamor de la propaganda disfrazada como noticias, no es seguro que la monstruosa ISIS, Al Qaeda, al Nusret y el resto de la banda yihadista hubiese existido en la actualidad. Y el pueblo sirio no habría tenido que luchar por sus vidas.
Algunos podrán recordar aquellos reporteros de la BBC que en 2003 se volvían a las cámara y nos decían que Blair fue “exculpado” de lo que ya se ha demostrado ser el crimen del siglo. Los canales de televisión estadounidenses dieron similar aprobación a George W. Bush. Mientras que la Fox News destacó a Henry Kissinger comentando sobre las falsedades de Colin Powell.
Ese mismo año, poco después de la invasión, filmé una entrevista con el prestigiado periodista e investigador Charles Lewis en Washington. Le pregunté: “¿Qué hubiese pasado si los medios de comunicación más libre del mundo en serio hubiesen desafiado esa burda propaganda que se desplegó?”
El respondió que “si los periodistas hubiesen hecho su trabajo, es muy, muy probable que no hubiésemos ido a la guerra en Irak.”
Fue una declaración impactante, y además apoyada por otros periodistas famosos a quienes planteé la misma pregunta – Dan Rather, de CBS, David Rose del The Observer y otros reporteros y productores de la BBC que desean permanecer en el anonimato.
En otras palabras, si los periodistas hubiesen hecho su trabajo, si hubiesen cuestionado los rumores y examinado la propaganda en lugar de reforzarla, habrían cientos de miles de hombres, mujeres y niños vivos hoy y no hubiera habido ningún ISIS y ningún asedio de Alepo y Mosul.
Los horrores en el metro subterráneo en Londres el 7 de julio del 2005 tampoco hubiese pasado. Ni millones de personas hubiesen sido desplazadas ni hubiesen existido los miserables campos de refugiados.
Cuando los horrendos ataques terroristas ocurridos en París en noviembre pasado el presidente François Hollande ordenó inmediatamente bombardear Siria – y más terrorismo siguió. Un producto predecible de la precipitada reacción de Hollande que, decía, Francia estaba “en guerra” y “no tendremos piedad”. Que la violencia estatal y la yihadista se alimenten mutuamente es una verdad que ningún gobernante tiene el valor de decir en voz alta.
“Cuando la verdad se sustituye por el silencio, el silencio encierra una falsedad”, dijo una vez el disidente soviético Yevtushenko.
El ataque a Irak, a Libia y a Siria sucedió porque los gobernantes de cada uno de estos países no era un títere de Occidente. Un registro de Saddam o de Gaddafi por violaciones de los derechos humanos era irrelevantes. Fue porque no obedecieron órdenes extranjeras y no entregaron el control de su país.
La misma suerte corrió Slobodan Milosevic tan pronto como él se hubo negado a firmar un «acuerdo» que exigía la ocupación de Serbia y la conversión a una economía de mercado. Su pueblo fue bombardeado y fue llevado a juicio en La Haya. Una soberanía así no se puede tolerar!.
WikiLeaks reveló lo que pasó cuando el gobernante de Siria Bashar al-Ássad  rechazó la construcción de un oleoducto a través de su país desde Qatar a Europa: fue atacado.
Desde ese momento la CIA planeó destruir el gobierno de Siria con fanáticos yihadistas – los mismos fanáticos que ahora mantienen a la gente en Mosul y Alepo como rehenes.
¿Por qué esto no es noticia? El ex funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, Carne Cruz, que era responsable de las sanciones contra Irak, me dijo: “Hemos suministrado a los periodistas con informes de hechos torcidos y lavados por “la inteligencia”, o bien los congelamos. Eso es lo que ocurrió “.
El cliente medieval de occidente, Arabia Saudita, que compra armas por miles de millones en los EE.UU. y Gran Bretaña, están actualmente destruyendo Yemen, un país tan pobre que en su mejor momento tuvo la mitad de los niños desnutridos en el país.
Eche un vistazo en YouTube y verá el tipo de bombas masivas – “nuestras” bombas – lo que los saudíes están utilizando sobre los pueblos empobrecidos, sobre bodas y funerales. Las explosiones se ven como pequeñas bombas atómicas. Los operadores de los aviones bombarderos en Arabia Saudita están trabajando codo a codo con los oficiales británicos. Este hecho no aparece en los noticieros de la tarde.
La propaganda es más efectiva y la aceptamos mejor cuando proviene de reporteros bien educados como de Oxford, Cambridge, Harvard, Columbia y con carreras en la BBC, The Guardian, The New York Times y el Washington Post.
Estas fuentes se conocen como medios liberales y se presentan como púlpitos ilustrados y progresistas que velan por la moralidad y el espíritu de la época. Son antirracistas, pro feministas y abogan por LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales). Así será, pero ellos aman la guerra.
Mientras levantan sus voces en defensa del feminismo apoyan las guerras de conquista que privan a un sinnúmero de mujeres de todos los derechos, incluyendo el derecho a vivir.
En 2011 Libia, cuando era un estado moderno, fue destruido de acuerdo con el pretexto de que Muammar Gaddafi estaba a punto de llevar a cabo un genocidio contra su propio pueblo. Tal fue la noticia ininterrumpidamente, pero no habían pruebas. Era una falsedad.
El hecho es que el Reino Unido, Europa y los Estados Unidos querían lo que les gusta llamar un “cambio de régimen” en Libia, uno de los mayores productores de petróleo en África. La influencia de Gaddafi en el continente africano y, sobre todo, su soberanía era inaceptable.
Gaddafi versus Hillary
Gaddafi fue asesinado con un cuchillo en la espalda por fanáticos que fueron respaldados por los EE.UU., Gran Bretaña y Francia. Hillary Clinton aplaudió su muerte espantosa en la cámara filmadora y exclamó: “Vinimos, vimos, murió!”. Nada original. Veni, vidi, vici era una frase dicha por Julio Cesar el año 47 f.Kr. Traducida al español: Vinimos, vimos y vencimos.
La destrucción de Libia fue un triunfo de los medios de comunicación. Mientras que los tambores de guerra tronaban escribió Jonathan Freedland en el periódico The Guardian: “A pesar de que el riesgo es real, los argumentos a favor de la intervención son muy fuertes”.
Intervención – una manera bien pulida de expresarse. Pero el significado real para Libia es muerte y destrucción.

De acuerdo a los archivos propios de la OTAN se llevaron a cabo 9700 “salidas de ataque” contra Libia, de las cuales más de un tercio estaban dirigidas contra objetivos civiles. Estos ataques incluyen además misiles con ojivas de uranio. Mire las fotografías de las ruinas en Misurata y Sirte y las fosas comunes identificadas por la Cruz Roja. El informe de UNICEF sobre los niños que matan dice: “La mayoría de ellos menores de diez años”.

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                   Una consecuencia directa fue ser Sirte la capital de ISIS.
Ucrania es otro triunfo de los medios de comunicación. Periódicos liberales respetables como The New York Times, Washington Post y The Guardian, así como medios modernos tales como la BBC, NBC, CBS y CNN han jugado un papel crucial para influir en sus espectadores a aceptar una nueva y peligrosa guerra fría.
Todos ellos han dado una imagen errónea de los acontecimientos en Ucrania como un acto malicioso de Rusia, mientras que el golpe de estado en Ucrania en 2014 fue en realidad el resultado del trabajo de EE.UU. con la ayuda de Alemania y la OTAN.
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                                     Nazistas en Ucrania apoyados por EE.UU. y EU
Esta imagen virtual de la realidad es tan penetrante que las amenazas de Washington a Rusia ya no es noticia; esto se oculta detrás de una campaña de  amenazas y amedrentamiento como del tipo que creció durante la primera Guerra Fría. Una vez más, se trata de “los rusos nos van a invadir, dirigidos por un nuevo Stalin”, como The Economist representa al diablo, osea Putin.
La supresión de la verdad sobre Ucrania es uno de los apagones más completos que puedo recordar. Los fascistas que planearon el golpe de estado en Kiev son de la misma especie que apoyó la invasión nazi de la Unión Soviética en 1941. Entre todos los gritos de advertencia de peligro del creciente  antisemitismo fascista en Europa no existen líderes que mencionen los fascistas en Ucrania. Aparte de Vladimir Putin, pero él no cuenta.
Muchos en los medios de comunicación occidentales han trabajado duro para presentar a la población de habla rusa en Ucrania como extraños en su propio país, como agentes de Moscú, casi nunca como ucranianos que quieren una federación dentro de Ucrania o de los ciudadanos de Ucrania que rechazan un golpe de Estado organizado por una potencia extranjera contra su gobierno elegido por las urnas.
Es casi como una farándula de un grupo de joviales amigos belicistas. Los asusadores de The Washington Post que incitan a la guerra contra Rusia son los mismos editorialistas que publicaron las mentiras de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.
Para la mayoría de nosotros la campaña presidencial en los Estados Unidos es una comedia, donde Donald Trump es el villano. Sin embargo Trump es detestado por aquellos que tienen el poder en los Estados Unidos por razones que poco tienen que ver con su comportamiento y sus opiniones desagradables. Para el gobierno invisible de Washington es el impredecible Trump quien obstaculiza el plan de Estados Unidos para el siglo 21.
Este bosquejo implica mantener la posición dominante de los Estados Unidos y doblegar a Rusia, y si es posible a China.
Para los militaristas en Washington el verdadero problema con Trump es que él, en sus momentos brillantes, no parece querer una guerra con Rusia. Él quiere  hablar con el presidente ruso, no luchar contra él; y también dice lo mismo de hablar con el presidente de China.
En el primer debate con Hillary Clinton prometió Trump que no sería el primero en introducir armas nucleares en un conflicto. Él dijo: “Sin duda, no querría atacar primero. Tan pronto como la opción nuclear se involucra, todo ha terminado”. Esto que dice por supuesto no es una novedad.
¿Pero de verdad que lo dice? Nadie lo sabe. A menudo se contradice él mismo. Pero lo que está claro es que Trump se considera una grave amenaza para el statu quo mantenido por el enorme aparato de seguridad que maneja los Estados Unidos, independientemente de quién esté en la Casa Blanca.
La CIA lo quiere ver derrotado. El Pentágono y los medios de comunicación le quieren derrotado. Incluso su propio partido quiere que le vaya mal en las elecciones. Él es una amenaza para los líderes del mundo – a diferencia de Hillary Clinton que no ha dejado ninguna duda de que ella está dispuesta a ir a la guerra contra las potencias nucleares Rusia y China.
La Clinton tiene el formato, como suele presumir, y de esto no hay duda. Su carriculum es prueba suficiente. Como senador apoyó la carnicería en Irak. Cuando competía con Obama en 2008 amenazó con “aniquilación total” de Irán. Como ministro de exterior estuvo detrás de la destrucción de los gobiernos de Libia y Honduras. Además trató de envolver a China en un conflicto.
“Ahora se ha comprometido a apoyar una zona de exclusión aérea en Siria – una provocación directa contra Rusia. H. Clinton puede ser lo más bien la presidente de Estados Unidos más peligrosa que haya visto en mi vida – una distinción bastante alta considerando la dura competencia entre este tipo de gobernantes.
Sin una sola prueba ella acusó a Rusia de apoyar a Trump a hackearle los correos electrónicos. WikiLeaks dio a conocer que estos mensajes de correo electrónico que Clinton escribe en privado a los ricos y poderosos son lo contrario de lo que dice públicamente.
Por eso es muy importante intimidar y silenciar la boca a Julian Assange. Como editor de WikiLeaks Assange sabe la verdad. Y permítanme asegurarles a todos los que se preocupan: él está de lo más bien y WikiLeaks va a toda máquina.
La estructura principal de las fuerzas armadas lideradas por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial está actualmente en curso – en el Cáucaso y Europa del Este, en la frontera de Rusia, en Asia y el Pacífico, donde China es el objetivo.
Recuerde esto cuando el circo que rodea las elecciones presidenciales llegue al final el 8 de noviembre. Si el ganador es H. Clinton, un coro de aclamadores y comentaristas necios alabarán su coronación como un gran paso adelante para las mujeres. Nadie va a hablar de las víctimas de H. Clinton; ni de las mujeres sirias, ni de las mujeres iraquíes ni de las mujeres libias. Nadie va a hablar de los preparativos de defensa civil desempeñados en Rusia. Nadie se acordará de Edward Bernay y sus “antorchas de la libertad”.
Un portavoz de George Bush describió una vez los medios de comunicación como “cómplices respaldantes.”
Esto es una declaración de un alto funcionario de una administración cuyas mentiras, hechas posibles por los medios de comunicación han causado enorme sufrimiento. Que esta descripción sea una advertencia histórica.
En 1946, el Fiscal del Tribunal de Nuremberg expresó esto de la prensa alemana: “Antes de cualquier ataque importante los nazistas ponían en práctica una campaña de prensa para debilitar a sus víctimas y preparar al pueblo alemán sicológicamente para el ataque. En el sistema de propaganda eran los diarios y la radio las armas más importantes”.
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Pilger

 John Pilger, periodista australiano, creador de documentales y periodismo de guerra. Es conocido por sus acertadas e independientes críticas.en

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