El tratado ‘Transpacífico’ super plan para superricos

Publicado: 7.2.2016               noruego.today

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El acuerdo Transpacifico liderado por EE.UU. es un NAFTA “con esteroides”.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés), firmado por los EE UU, Canadá y México en 1993, ha estado en vigor durante más de dos décadas.

El TPP ha sido definido como “un NAFTA super inflado”, de modo que mirar los impactos del NAFTA da una idea de lo que nos espera con el TPP.

En 1993, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, prometió que “promoverá un mayor crecimiento, más igualdad, mejor conservación del medio ambiente y una mayor posibilidad de paz mundial … Se crearán 200.000 puestos de trabajo en este país durante el 1995”.

¿Cuál ha sido el resultado dos décadas más tarde?

En los tres países, la desigualdad de la riqueza se ha multiplicado. Nunca se crearon en los EEUU los 200.000 puestos de trabajo como resultado del NAFTA. De hecho, en los EE UU se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo como consecuencia del traslado a México de las corporaciones estadounidenses para utilizar los incentivos a la inversión del NAFTA y para tomar ventaja de los bajos salarios mexicanos. Ninguna ley ambiental se fortaleció por causa de ese tratado.

Las grandes empresas farmacéuticas y las industrias químicas extendieron geográficamente sus patentes, y ganaron derechos a no ser regulados ni inspeccionados. Las grandes empresas del petróleo y del gas consiguieron derechos absolutos sobre los recursos naturales para producir cada vez más gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Los efectos del NAFTA en México.

El entonces presidente mexicano, Carlos Salinas, afirmó: “El NAFTA es un acuerdo para la creación de empleo” y añadió que era “un acuerdo que incrementará los salarios” y “un acuerdo de mejora del medio ambiente”.

Pero fue, precisamente, en México donde el NAFTA causó el mayor daño.

Los promotores del NAFTA dijeron que el pacto llevaría la nueva tecnología y el capital de los Estados Unidos para complementar el trabajo excedente de México. Esto, a su vez, conduciría México a industrializarse y a aumentar la productividad, lo que causaría el aumento de los salarios en México. Los salarios más altos ampliarían las oportunidades económicas, reduciendo la migración hacia los EE UU. Esta fué la teoría.

Conocemos los resultados.

El NAFTA no logró estimular un crecimiento económico inclusivo, ni sacar a los mexicanos del desempleo y del subempleo, ni reducir la pobreza. Se ha hecho todo lo contrario.

Un resultado inmediato del NAFTA fue quitar la reforma agraria incorporada a la Constitución de México. Este vestigio de la Revolución Mexicana de principios del siglo 20 garantizaba pequeñas parcelas de tierra a millones de mexicanos que vivían en las zonas rurales.

El NAFTA también abrió México a las importaciones del maíz más barato de Estados Unidos, un elemento básico de la dieta mexicana. Como los precios del maíz se desplomaron, los agricultores endeudados perdieron sus tierras, que ahora podrían ser adquiridas, bajo el NAFTA, por los mexicanos ricos y la agroindustria estadounidense. Estas fuerzas unificaron grandes extensiones para convertirlas en grandes plantaciones.

Entre 1995 y 2005, 1,1 millones de campesinos perdieron sus tierras, y otros 1,4 millones que dependían del sector agrícola fueron expulsados ​​de sus puestos de trabajo y engrosaron las tropas de parados en las ciudades o se unieron a los que emigraban a los EE UU como trabajadores indocumentados y con derechos legales prácticamente inexistentes.

Los pobres urbanos tienen dificultades para encontrar trabajo. Muchos están en el sector “informal”, vendiendo baratijas en las calles. Sus filas han aumentado desde 1994 para constituir la mitad de la fuerza laboral.

Los salarios cayeron tan drásticamente que, hoy, un trabajador agrícola gana un tercio del salario que antes del NAFTA.

Aunque el precio del maíz se desplomó, el precio de las tortillas de maíz, un alimento básico de México, se disparó en los primeros 10 años del tratado.

El NAFTA incluye normas del sector servicio y normas de inversión que facilitaron la consolidación del comercio de cereal, la molienda, la cocción y la venta minorista. Esto significaba que, en poco tiempo, las relativamente pocas grandes empresas restantes en EE.UU. comenzaron a aumentar los precios de consumo.

Con los precios más altos, hacer tortillas y exportarlas a México se hizo rentable para las empresas estadounidenses. El declive de la agricultura mexicana ha significado que una cantidad cada vez mayor de alimentos ha sido importada desde los EE UU, incluyendo alimentos procesados, con la ironía que la obesidad está creciendo en medio del hambre.

El resultado ha sido un aumento en el número de personas que pasan hambre

hoy en día en México, más de la mitad de la población, y el 60% de la población rural, vive por debajo del umbral de la pobreza. Uno de cada cuatro se clasifican como extremadamente pobres, los cuales no pueden permitirse una alimentación adecuada, y el 20% de los niños están desnutridos. De 2006 a 2010, más de 12 millones de personas se unieron a las filas de los pobres. México ha mostrado la disminución más lenta de la pobreza en América Latina desde el NAFTA.

Un trabajador que gana el salario mínimo puede comprar, hoy en día, un 38% menos de los bienes de consumo que antes del NAFTA. Clinton y Salinas prometieron que ese tratado reduciría la diferencia salarial entre México y EE UU de forma suficiente para frenar la emigración, pero esta diferencia apenas se ha movido. Los trabajadores manufactureros mexicanos ganaron una media de 4,53 US$ por hora en 2011, mientras que los mismos trabajadores estadounidenses ganaron $ 26,87. En Brasil, los salarios en la manufactura era el doble que en México, mientras que en Argentina eran el triple.

La avalancha de gente desesperada tratando de entrar en los EE UU sólo se ha acelerado.

Es cierto que los más acomodados han logrado avances. Decenas de miles de pequeñas empresas se han ido a pique, pero las grandes empresas estadounidenses como Wal-Mart y Costco se han mudado a México, vendiendo productos importados de Asia a la “nueva clase media” mexicana.

Hay zonas pequeñas que han aumentado las exportaciones a los EE UU. Una huelga reciente en Baja California de México enfrentó la gran agroindustria contra unos trabajadores indígenas muy mal pagados.

Estas grandes empresas, propiedad de los EE UU y de los magnates mexicanos, exportan una gran cantidad de frutas, bayas, tomates y otras verduras hacia el norte cada año, mientras que México no puede alimentar su gente. El gobierno, estrechamente vinculado con los productores, utiliza la violencia estatal contra los trabajadores.

Todo esto ha exacerbado la inestabilidad social en el país, también alimentada por la “guerra contra las drogas” de Estados Unidos. A la vez una de las grandes importaciones de México desde los EE UU son las armas.

Con este récord de “de crecimiento” de México, de igualdad, de salarios y de paz” en el marco del NAFTA, no es de extrañar que el TPP sea visto por los pobres como ver al diablo.

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