La abuela del demonio.

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Todo comenzó con una paliza paterna. Ahora el maldecir es el sustento de Ruth (71), quien piensa que ella sabe por qué las palabrotas son importantes para nosotros.

Tomado de NRK. Autores: Halvor Folgerø y Anders Nøkling.
Traducción: C. Milton – noruego.today.
Algunos enlaces en otros idiomas.

“Coño de 4 patas…”

La profesora noruega de idiomas Ruth Vatvedt Fjeld (71) se ríe a carcajadas con sus colegas de todo el mundo que asisten a la conferencia anual sobre maldiciones, es decir expresiones groseras y tabúes. Una conferencia para las pocas pero ardientes almas de la investigación. Si usted es del tipo delicado, que apaga la radio o TV cuando escucha un discurso obsceno, es mejor si se detiene aquí.

Cátedra de las palabrotas.

En un aula de Södertörn Högskola, a las afueras de Estocolmo, trece mujeres y seis hombres se sientan alrededor de pequeñas mesas.
El tema es decir o exclamar obscenidades, o vituperar si se oye más académico. Las groserías están siendo tomadas muy en serio en el ambiente académico. Los investigadores provienen de EE. UU., Irlanda, Inglaterra, Finlandia, Bosnia, Rusia, Francia, Dinamarca, Noruega y el país anfitrión Suecia.

Las manos se elevan para hacer preguntas. Ellos escuchan y toman notas. A primera vista, una conferencia normal para investigadores normales, pero lo bastante soñolienta para cualquiera que no investigue la lingüística. Y entonces sucede algo: en la pizarra aparecen palabras que te sacuden la modorra. FUCK-SHIT-CUNT y antiguas groserías suecas de la época medieval (1600 +).
Algo así como “lortracka, trapphora, rundstycksfitta” lo que es difícil para nosotros traducir aquí públicamente en noruego.today.

“Morrapuler”.

Este es SwiSca 2019 o bien “Diciendo palabrotas en Escandinavia”.
Adelante cerca de la pizarra se sienta una participante delgada y de pelo oscuro con unos largos pantalones amarillo chillón. Es Ruth Vatvedt Fjeld, profesora jubilada de la Universidad de Oslo. Ya luego se va a referir a su último proyecto sobre “El diccionario de vituperios noruegos”, que sería el primero de su tipo. Ella explicará entre otras cosas que el vocablo “FUCK” es de origen noruego. Pero primero, hay ahora un descanso para tomar café – ¿A propósito, qué opinan de mi jersey? Con la sonrisa más amplia de toda la conferencia, Ruth está mirándose la camiseta. Allí sobre todo el pecho con letras grandes y azules dice “MORRAPULER” (follador o folladora mañanera).

La camiseta fue un regalo después de participar en el podcast “Con el debido respeto” y pensó que este era el día para ponérselo. Ruth es la “Gran Veterana” de la investigación de vituperios en Noruega. Si no es la “abuela del demonio” al menos es una abuela. Nadie sabe más sobre vituperios noruegos que ella. – Las palabrotas son demasiado importantes para que no las tomemos en serio. A ellas recurrimos para expresar furia y sentimientos fuertes. Tanto negativos como positivos.

“MORRAPULER” se lee en la camiseta de Ruth Vatvedt Fjeld. Aquí en conversación con el Dr. Richard Stephens. FOTO: MEDIA FOLGERØ / NRK.

En la sala se reúnen lenguas de inglés y otros idiomas de habla nórdica. Ruth hace ondas con sus manos y su ‘chasquilla’ baila en su frente. Los corazones de los investigadores laten y viven por las palabras tabúes. Durante mucho tiempo Ruth fue la única que se dedicó a esta pasión en Noruega.

Los académicos se negaban a entrar en este oscuro rincón del lenguaje diario. Solo en años posteriores, las palabras tabúes entraron en los diccionarios y en el programa de estudios. Pero, ¿por qué este ardiente interés en las expresiones groseras? Un episodio en la infancia de Ruth podría ser la respuesta.

Baño al aire libre. (Utedo)

En Aremark, un pequeño pueblo idílico de Østfold (Nor.) la pequeña Ruth se había encerrado en el “baño” del patio al aire libre. Como muchos otros, ella toma una pausa para su goce espiritual con una revista de amor que le prestó una amiga. Dichas revistas debían en ese tiempo leerse solo en el baño o retrete, porque en la casa de su familia estaban estrictamente prohibidas.

Devorada como está por la apasionante historia de amor, pierde la revista en el hoyo letrinal. Y al ver el papel brillante caer en esa oscuridad, donde normalmente otros papeles pierden su brillo suelta una tirada de maldiciones del más grueso calibre.

Lo que Ruth no sabía era que su padre estaba afuera. En esos tiempos la religión y la moral era cosa muy seria y por lo tanto correspondía un merecido castigo corporal, lo que no era tan inusual en esos días. -Y maldecir estaba estrictamente prohibido en mi educación. Algo de lo peor que una podía hacer.

-Yo creo que esa disciplina rigurosa significó mucho por el interés que desarrollé a los vituperios y el lenguaje tabú. -Ya sabes, la atracción por lo que está prohibido es una fuerza muy grande. En casa donde nosotros, fue el predicador “del infierno” Ole Hallesby quien era el gran héroe. El era profesor de teología y también era de la villa de Aremark. Ruth ve la ironía en eso: – hasta donde yo sé, Aremark solo ha educado a dos profesores. Hallesby y yo. Probablemente se pueda decir que estamos cada cual a los extremos de la escala.

Unos años después del asunto del baño y la paliza de su padre, Ruth se convirtió en estudiante. Un día ella se sentó en un auditorio en la Universidad de Tromsø (Nor.). El profesor invitado era Even Hovdhaugen quien disertaría sobre el lenguaje tabú, todo tipo de lenguajes tabúes: lenguajes gitanos (tater y romani), insultos y maldiciones. Tabú es lo que se sabe pero que no se habla abiertamente.

Las palabrotas están fuera del diccionario.

-Hovdhaugen era un profesor fantástico y una revelación para mí. -¿Qué es lo que decimos, por qué lo decimos y qué sucede en nuestros cerebros cuando se producen esas palabras? ¡Piensa en lo maravilloso que es maldecir cuando uno está enfurecido! La chispa académica de las palabras tabú se hizo llama. Y el interés no fue menor después de un trabajo de verano en el municipio de Tromsø (Nor.).

Tenía un colega, que era un viejo patrón de barco ballenero, y de él aprendí palabrotas que nunca antes había escuchado. Luego, unos años más tarde conseguí un trabajo como becaria en la Universidad de Oslo, donde hice otro descubrimiento. Allí debía trabajar con el diccionario del idioma oficial noruego, pero noté que las palabrotas del lenguaje a tratar eran inexistentes.

-¡Y luego la maldición y groserías que son tan ampliamente utilizadas en el habla cotidiana! A menudo se encuentran entre lo primero que escuchamos en un nuevo idioma. Entonces, ¿por qué no deberían incluirse en el diccionario?

Ruth pensó que aquí hay un trabajo que hacer. Ella recolectaba las palabrotas y las sistematizaba. Averiguaba qué significaban y cuál era su origen. Muchas de ellas son muy viejas. Miles de años en algunos casos. -¡Habían tantas historias emocionantes detrás de las maldiciones! La idea de crear un diccionario de maldiciones había estado rondando en su mente durante años. Cuando una editorial le preguntó por ideas nuevas, fue más fácil comenzar. Y el resultado de muchos años de esfuerzos salió el año pasado. Pronto presentará un nuevo trabajo innovador a sus colegas internacionales de investigación lingüística .

El origen de “FUCK” es noruego.

Rofferska, Fyriksfitta, Fyllracka...
En la conferencia, se trataba primero de las palabras que los suecos usaban cuando se insultaban unos a otros en tiempos pasados. Y lo hicieron, al menos tan infamemente en el siglo 17 como lo hacen hoy. Erik Falk, de la Universidad de Uppsala ha estudiado documentos judiciales antiguos. Al igual que Ruth, él también piensa que es importante investigar sobre la maldición. La maldición es dura y siempre ha causado fuerte impresión en las personas.

Eric Falk ha probado qué tipo de palabras recuerdan mejor los estudiantes al escuchar un texto. Les leyó largas listas, y lo que recordaron después fueron la palabras del principio y al final. Y luego las palabrotas. – Cuando tanta gente maldice, es importante descubrir por qué usamos esas palabras feas, con qué frecuencia las usamos y de dónde provienen.

– ¿Sabes, por cierto, que el término “FUCK” es noruego? Es Ruth quien pregunta: “¡Mierda, no lo sabía! La palabra FUCK (joder) tiene su origen en el lenguaje nórdico antiguo “å fokka” que significa golpear. Según el profesor eran palabras utilizadas por los vikingos para referirse a las acciones del hombre durante las relaciones sexuales. Y en las cárceles estadounidenses el término “fuck” surgió como una amenaza entre prisioneros: se trataba de hombres que violaban hombres. Lo más parecido en noruego moderno es la palabra “straffepule” (follarte como castigo), y no es particularmente agradable.
La palabra “fuck” ya está en todas partes y viene para quedarse. Acabamos de ver un efecto de la llamada globalización.

Cátedra sobre el origen de la palabra “fuck” por la profesora Ruth Vatvedt Fjeld.

Aquí en el país, la palabra “fuck” apareció por primera vez en 1948. Fue impresa en la novela sueca Konvoi por Torsten Johanson. Hoy es la blasfemia más usada del mundo. Según Ruth la palabra “OK” es la más internacional.

Junto con un grupo de investigadores, ha investigado el uso de “fuck” en seis países: Noruega, Dinamarca, Islandia, Rusia, India y Etiopía. En los dos últimos, ocurre con menos frecuencia. Pero es solo cuestión de tiempo, la profesora cree que la palabra “fuck” está ganando terreno en todas partes reemplazando las viejas palabrotas de maldición locales.

Gráfica del uso de la palabra “fuck” a través de las últimas décadas.

-En la región de Østfold, (Nor.) por ejemplo, decíamos “hetebeck” (infierno) en el pasado. Esta es otra expresión de infierno que ya desapareció por completo. Cuando “fuck” se extiende más rápido que el caracol marrón, tiene mucho que ver con la influencia de la cultura popular estadounidense. Especialmente películas, pero también música. Y cuanto más te acerques a Estados Unidos, más fuerte se nota.

-Hoy usamos esa palabra (fuck) de muchas formas diferentes. “Føkke opp” en la interpretación de destruir algo. “Ikke føkk med meg”. En lugar de “ikke tull med meg” (no me jodas o bien “deja de engañarme”. Otra: “føkkings bra” (jodidamente bien), una ampliación de algo positivo. Por otra parte, la palabra “fuck” ha sido degradada, y es menos fea de lo que fue inicialmente.

El anfitrión de la conferencia de este año es Kirsty Beers Fägersten. Sueca-estadounidense y profesora en la Universidad de Södertörn. También en Suecia las groserías inglesas les invade. Kirsty cree que una de las razones es que tienen un tono más suave que el sueco. -Para los jóvenes suecos, el inglés es un idioma más relajado. “Joder, mierda y perra” se han convertido aquí en parte de la conversación diaria. Cuando es en serio y algunos realmente se ponen furiosos, siguen siendo las palabras suecas “fan, helvete, jävler” (demonio, infierno, diablos) lo que es usado. Maldecir te hace fuerte y además es útil. Los que maldicen, soportan mejor el dolor que otros y obtienen mayor poder.

El sicólogo mal hablado.

El sicólogo Richard Stephens afirma ser capaz de demostrar que las personas toleran más dolor y estrés cuando maldicen.
El hombre detrás de esta afirmación no es un investigador de idiomas, sino un doctor en sicología. Richard Stephens, de la Universidad de Keele en Manchester quien ha realizado un experimento en el que los voluntarios están expuestos al dolor: deben sentarse con las manos dentro de un balde con agua helada.

Cuando llega el dolor, solo se les permite usar palabras neutrales. Luego hacemos otro experimento, donde maldicen e insultan todo lo que quieran. Probablemente ya hayas adivinado el resultado. Los sujetos de prueba se aventuraron aún más en el agua helada cuando sufrieron el dolor a través de palabrotas. Puedes llamarlo un efecto sicológico.

Parece que la maldición nos da un empuje extra, permitiendo dar un poco más. ¿Alentarías a tu hija a maldecir? Stephens duda mucho tiempo y mira al techo buscando razones. La respuesta con la que termina es diplomática:
-probablemente, depende de la situación. Normalmente le pediría que tuviera cuidado. No debemos olvidar que a muchas personas todavía les parece innecesario las groserías.

“El diablo del calendario”.

Repugnante o no el maldecir sin duda ha sido útil para Lilian Bäckman. Para ella, es una idea de negocio. Ella es ilustradora, autora y artista, y ha sido invitada a la conferencia de groserías porque ha desarrollado el “Kalenderjävulen” (el diablo del calendario). Definitivamente no es algo que quieras en la pared si eres algo pulcro. -“Quería hacer un calendario, pero no sabía con qué decorarlo. Después de buscar un poco a tientas, salí a las redes sociales y pedí consejo. Alguien sugirió “maldecir”, y pensé “claro, ahí me tienes”. Te doy las “malditas” gracias.

Algunas palabrotas suecas:

Tack som fan (Gracias por tu cagada)

Någon jävla ordning (Maldito sistema o modo)

Satan i gatan (Ahí viene el diablo [persona])

Bäckman está contento con esas expresiones. Piensa que hay un poder redentor en ellas. En “Kalenderjävulen” está adornado con palabras o frases que de alguna manera son tabú.

Algunas son citas directas de personas. Hasta en el mismo mes de diciembre en Navidad dicen “Knulla, knulla för fan” (Folla, folla, por todos los diablos!”. Algo que el político sueco Per Svedberg (social demócrata) le habría dicho a una colega después de una regada comida navideña, lo que desató un escándalo político de la gran p_ _ a en el país (Suecia).

No es de extrañar que el calendario de Bäckman haya tenido reacciones encontradas. A quienes les gusta el calendario les encanta. Mientras que otros ni siquiera lo miran y se preguntan qué es lo que está haciendo esta chica. Y eso ya es una reacción.

Radar de captación de palabrotas.

¿Cuántas personas en esta sala maldicen a diario? El sicólogo Richard Stephens observa a la asamblea. Las manos se elevan al techo, una por una. Algunos vacilantes, otros más seguros de sí mismos. Ruth pertenece a la última categoría, según ella misma -Søren! (diabl..) digo sin pestañear. Aunque a menudo hay términos suaves como «Fader i havet» (Padre en la mar). Claro que a veces me salen glosas peores. Pero probablemente yo escucho groserías más de lo que yo misma digo.

Con el tiempo, Ruth ha desarrollado un oído especial para captar maldiciones. Una especie de radar de maldición: -si me siento en el autobús, el tranvía o en un café, puedo estar a varios metros de distancia cuando surgen nuevas palabrotas. Luego, me apresuro a anotar en mi celular. Lo último que he encontrado es “grevlig” (endiablado) que es un eufemismo de la región de Rogaland (Nor.) por “jævlig” (endiablado). Así es como ella trabaja para crear el Norsk Banneordbok (Diccionario noruego de las groserías).

Durante varios años Ruth ha observado a personas comunes y corrientes en situaciones cotidianas. Buscando constantemente nuevas palabras y expresiones: – esto es la parte más difícil del asunto. Porque tienes que acercarte a hurtadillas a la gente y evaluar los motivos que gatillaron la expresión. En conversaciones concertadas, la gente habla más moderado.

Por supuesto, muchas de las maldiciones siguen siendo un tabú. Pero, ¿hay hoy mayor aceptación en la comunidad de las maldiciones que antes? Depende de lo que usted defina como maldición o grosería. Palabras como “Herregud” (Señor Dios Padre) ya casi nadie reacciona. En tanto que los que despotrican con personajes del infierno se oyen con más frecuencia que antes en la radio y la televisión.

Especialmente lo último.

Tú que has escuchado tanta blasfemia, ¿tienes una expresión favorita?
– Sí, responde al acto – ¡Firfislefitte! (Coño de lagartija). La profesora se ríe a carcajadas diabólicas. No son tales palabras lo que uno espera de abuelas de 71 años. Si, prueba esa palabra (Coño de lagartija o Coño de cuatro patas). Creo que es una buena palabrota y además es divertido decirlo debido a su pronunciación. Al desigual que las mujeres cursis del pasado que exclamaban “Gid” en vez de Gud (Dios).

“El coño de lagartija o de cuatro patas” –Firfislefitte– tiene dos letras recortadas y tres vocales delanteras una detrás de la otra, fi-fi-fi. Fir-fisle-fitte. Nada que decir sobre los fundamentos lingüísticos, eso es. El término lo aprendió de un amigo de la infancia de Aremark. Pero, ¿qué significa eso? -Esto es sinónimo de ‘rata escalamontes’. Un insulto que nosotras las mujeres ponemos a colegas que están dispuestas a hacer cualquier cosa, siempre que ayude a escalar en su carrera.

La carrera de Ruth la construyó con palabras que nadie se atreve a tocar.
Por lo que le tiene que agradecer al mismísimo “cachudo” por eso.

La profesora Ruth Vatvedt Fjeld ha sido invitada a principios de este año al show de la televisión noruega NRK con la conocida presentadora Linda Eide.


Nota de la redacción de noruego.today:
En este evento SwiSca 2019 no participó ningún académico de habla portuguesa, española o latinoamericana.
¿Tiene usted alguna palabrota divertida que aprendió de otras personas o que usted mismo inventó? ¡Pues póngala en el bloque de los comentarios! Quizás a Ruth y sus “ahueonados” colegas también le agraden.

Ah, y no se haga el “pelotudo/a” y comparta este artículo con el weonaje…

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