Socialistas, comunistas y liberación.

Videos y sucesos destacados.

Por Pål Steigan -15. Noviembre 2020 – Trad.: noruego.today –

Socialistas y comunistas tienen mucho en común. A veces, las palabras se usan indistintamente, y cuando se trata de demandas económicas y políticas, a menudo es difícil ver la diferencia. Pero hay algunas áreas donde las diferencias son grandes. Para decirlo sin rodeos, a los socialistas les preocupa la socialización de las fuerzas productivas, pero para los comunistas es solo un medio para alcanzar un fin. El objetivo de los comunistas es que el hombre se libere a sí mismo, que los que producen tomen el control de los medios de producción y, con ello, eliminen la alienación tanto de la producción como de la naturaleza, y se conviertan en seres humanos completos. Los comunistas están mucho más preocupados por la libertad que los socialistas.

Exigencias económicas, exigencias de clase.

Los verdaderos socialistas, como los comunistas, se preocupan por “eliminar la sociedad de la desigualdad”, como se llama en los programas del partido de izquierda noruego Rødt (Rojo), asegurar el control nacional y social sobre las fuerzas productivas, obtener un servicio social de salud, una construcción de viviendas sociales, una escuela y un sistema educativo democráticos y sociales, etc. Impuestos progresivos, luchar contra el sistema hereditario que renace la clase rica de generación en generación, abolir la discriminación por motivos de clase, género, orientación, etnia, etc. Comunistas y socialistas no deberían estar separados en estas áreas.

La diferencia proviene de la visión de la libertad y el estado.

La crisis del coronavirus nos ha dado una lección que conviene estudiar a fondo y en profundidad. Aquí, la clase alta de un país tras otro, con el coronavirus como pretexto, ha abolido los derechos y libertades constitucionales, como la libertad de reunión, la libertad de manifestación, la libertad de circulación, gran parte de la libertad personal y así sucesivamente. De una sola vez, hemos pasado de una democracia reconocidamente deficiente a un estado dictatorial en el que el Primer Ministro nos da órdenes a los súbditos del tipo “¡Quédense en casa!” y espera ser obedecido.

Y los socialistas en gran número obedecen, aceptan todas las “medidas” dictatoriales, incluida la prohibición de las marchas del 1. de mayo y los mítines masivos, incluso las restricciones a la vida familiar, usar mascarillas, etc. ¡Y están aún exigiendo más!

Podemos discutir el análisis de la “pandemia”, por todos los ángulos y ver cuáles son las estrategias adecuadas en la lucha por la mejor protección de la salud pública en general. Este es tema de muchos artículos aquí en steigan.no, pero ese no es el tema aquí ahora.

Es un hecho indiscutible que decenas de miles (¿cientos de miles?) de socialistas se han sometido voluntariamente y con algo de entusiasmo a una obligatoriedad que habrían negado hace 10 meses atrás, y además han mostrado una oposición casi agresiva a todo aquel que intente contravenir a las autoridades, sus justificaciones y «medidas».

Este es un tema aparte.

El profesor de filosofía, Einar Øverenget, escribió en un artículo en el periódico noruego ‘Dagbladet’ en mayo de 2020:

La primavera de 2020 pasará a la historia como el período en el que los ciudadanos noruegos experimentaron un “corte” de lo que consideramos derechos completamente obvios en una democracia, apartando a la ciudadanía del derecho a usar la propiedad propia, el derecho a moverse más o menos libre, el derecho de reunión, que es fundamental en una democracia, y también el derecho a ejercer tu trabajo. Todo en aras de combatir el covid-19.

Y podemos agregar: Hemos renunciado a estas libertades prácticamente sin ninguna resistencia. ¿Cómo es posible?

El miedo a la libertad.

Una clave para comprender esta huida masiva de la libertad se encuentra en el libro histórico de Erich Fromm, “El miedo a la libertad” – (Die Furcht vor der Freiheit).

“El miedo a la libertad” intenta mostrar que el hombre moderno todavía está ansioso y tentado a entregar su libertad a dictadores de todo tipo, o perderla convirtiéndose en un pequeño engranaje de la maquinaria, bien alimentado y bien vestido, pero no un hombre libre, sino un autómata”.

Fromm también escribió que:

“La persona asustada busca a alguien o algo a lo que apegarse; ya no puede soportar ser su propio individuo, y está tratando desesperadamente de deshacerse de él y sentirse seguro nuevamente al eliminar esta carga: el yo”.

Y podemos seguir citando a Fromm:

“La mayoría de la gente está convencida de que mientras no se vean forzados abiertamente a hacer algo por un poder externo, sus decisiones son de ellos y que si quieren algo, son ellos quienes lo quieren. Pero esta es una de las grandes ilusiones que tenemos sobre nosotros mismos. Gran parte de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos las proponen desde fuera; hemos logrado persuadirnos de creer que somos nosotros quienes hemos tomado la decisión, mientras que en realidad nos hemos conformado a las expectativas de los demás, impulsados ​​por el miedo al aislamiento y por amenazas más directas a la vida, la libertad y la comodidad”.


El psicoanalista Erich Fromm publicó “El miedo a la libertad” en 1941 (en noruego “Flukten fra friheten”), bajo la impresión de la victoria temporal del fascismo y el nazismo en Europa. Y es importante entender que Fromm analiza aquí un problema humano universal. El fascismo supo explotar esta debilidad en los humanos, pero Fromm demuestra que esta tendencia a renunciar a la libertad y someterse a la dictadura también existe independientemente del fascismo. Demostró que la tendencia al conformismo se está cultivando en nuestra cultura supuestamente democrática y que este adoctrinamiento comienza muy temprano.

Las redes sociales modernas hacen que esta disciplina y adoctrinamiento sean mucho más efectivos. Hace unos años, Facebook, en colaboración con la CIA, llevó a cabo un estudio de cuánto podrían influir en las actitudes de las personas con solo hacer unos pequeños ajustes en lo que se denomina “alimentación” de noticias para los usuarios.

En junio de 2014, se reveló que Facebook está manipulando deliberadamente a sus usuarios. Junto con la Universidad de Cornell y la Universidad de California, Facebook ha llevado a cabo un experimento muy completo en el que la empresa ha manipulado la información de 689.000 usuarios y a través de esto encontró que la empresa puede hacer que la gente se sienta más positiva o más negativa sobre un caso a través de una “infección emocional”.

El futuro que nos espera…

Investigaciones más exhaustivas mostraron que Jeff Hancock, quien realizó el estudio para Facebook, recibe apoyo para su trabajo del Departamento de Defensa de EE. UU. a través de algo llamado Minerva Initiative.

Los investigadores descubrieron que podían aumentar o disminuir la reacción positiva o negativa al aumentar o disminuir el contenido negativo o positivo de las noticias.

Nuestros gobernantes saben exactamente cómo hacernos obedecer, y han desarrollado las herramientas para asentir a un nivel que ninguna dictadura en la historia humana ha tenido la oportunidad. Y, por supuesto, han estudiado los hallazgos de Fromm y saben que funciona. El uso obligatorio de las mascarillas es parte de este control de masas. No estamos obligados a usar mascarillas porque la situación de salud lo requiera o porque las mascarillas sean efectivas contra el coronavirus. Las máscaras son el símbolo visible de nuestra sumisión.

Fromm escribió en 1941 que “cuando llegó el fascismo, la gente estaba totalmente desprevenida, teórica y prácticamente”, y esa afirmación igual puede repetirse hoy. La gente no puede creer que nuestra clase dominante extremadamente rica y extremadamente poderosa nos hará algún daño. Y siempre es más fácil someterse que ir en contra de la corriente.

Los socialistas quieren ante todo el control.

Cuando los socialistas en Noruega se encuentran entre los primeros en aplaudir la dictadura de la primer ministro Solberg, debe ser porque quieren que el estado tome el control. Desafortunadamente, he visto aquí muy pocos socialistas que han criticado la abolición de la democracia, de la libertad de movimiento o de la libertad personal.

Debo admitir que esto me sorprende y que no tengo un conjunto completo de explicaciones de por qué es así. Pero que es así, no hay razón para dudar. Ningún partido socialista en Noruega ha protestado contra la dictadura de Solberg, ni tampoco algún político socialista destacado. También hay muchos socialistas que apoyan diversas formas de censura.

Esto debe tener una explicación, y por el momento la evidencia empírica me obliga a creer que los socialistas no están tan preocupados por la libertad.

Comunismo significa libertad.

Los que hoy nos llamamos comunistas no somos de ninguna manera partidarios del estado totalitario ni de la dictadura del partido. Los que nos atrevemos a llevarnos la palabra “comunismo” en la boca lo hacemos de acuerdo con la forma de pensar que Marx y Engels presentaron en el Manifiesto Comunista. Vemos la lucha por el comunismo como la lucha por la libertad, no para incapacitar a los individuos bajo un estado todopoderoso, sino para privar a la pequeña clase de capitalistas monopolistas de la propiedad que la han robado y convertirla en propiedad de la comunidad. El comunismo, no como proyecto estatal, sino como control de los que producen por sobre la producción.

En el libro “Sammenbruddet”, (trad.: El collapso), lancé el concepto de Comunismo 5.0, que es un comunismo ecológico y no jerárquico. Se trata de algo tan sencillo como distribuir la riqueza para que beneficie a todos. Se trata del hecho de que cuando la economía de crecimiento canceroso del capitalismo amenace la base de la vida en el planeta, entonces es hora de eliminar este cáncer y establecer una sociedad que vaya con la naturaleza y donde nadie tiene derecho a dejar una huella ecológica que supere el límite de resistencia del planeta.

No se trata de crear una sociedad ideal utópica. No hay un plan ingenioso de algún centro ‘sabe-lo-todo’. El camino a seguir debe explorarse mediante ensayo y error. En lugar de la “línea correcta” del Komintern desde Moscú, se debe crear todo un jardín de proyectos y experimentos. No una línea recta, sino un arbusto exuberante y creciente de pensamientos, ideas y proyectos prácticos que juntos deben responder a los enormes desafíos que enfrenta la humanidad.

Ahora mismo es la crisis del corona la que nos está poniendo a prueba. Mi opinión es que la clase alta con el capital financiero está librando una guerra mundial global contra nosotros con el coronavirus como pretexto. No tienen la intención de que volvamos a la normalidad. Ya están hablando de “la nueva normalidad”. El programa de su maravilloso mundo se presenta en el libro del fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, “Covid 19 The Great Reset”, trad.: “El gran reinicio” y al que volveremos. Este es un proyecto que merece el término “un fascismo para nuestra era”.

El futuro nos juzgará por nuestra posición en esta batalla...

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